
Javier Sologuren Moreno nació en Lima, (Perú) el 19 de enero de 1921 y falleció en Lima el 21 de mayo del 2004. Fue doctor en literaturas hispánicas por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos e hizo estudios de postgrado en el Colegio de México y en la Universidad de Lovaina, Bélgica. Fue profesor en la universidad de Lund, Suecia entre los años 1951 y 1957, en el que además trabajo como lector de español y en donde se casaría y formaría una familia. Luego fue profesor en las universidades de San Marcos, Agraria e Enrique Guzmán y Valle "La Cantuta" de Lima.
POEMAS DE JAVIER SOLOGUREN
Árbol Que Eres Un Penoso Relámpago
Árbol que eres un penoso relámpago,
veinto que arrebatas una ardiente materia,
bosques de rayos entre el agua nocturna;
¿he de decirles que para mí se está forjando
unapesada joya en mi corazón, una hoja
que hiende como una estrella el refucio de la sangre?
Ignoro otra mirada que no sea como un vuelo
reposado y profundo, ignoro otro paso lejano,
ola que fuese más clara que la vida de mi pecho.
Sepan que estoy viviendo, nubes, sepan que canto,
bajo la gloria confusa de la tarde, solitario.
Sepan que estoy viviendo, que me aprieta el cielo,
que mi frente ha de caer como lámpara vacía
a los pies de una estatua que vela tenazmente.
La Visita Del Mar
Soy un cuerpo que huye, sombra que madura
con un murmullo de hojas en tu mirada
igual al mediodía cruel y esplendoroso:
mar, ala perdida, párpados de nieve,
casto sonámbulo entre materias corrompidas,
ola sedosa en que tristemente espejeo.
Toda palabra es mía cuando estoy a la orilla
de tus ojos, mar, todo silencio es mío.
Extraño huésped que me dejas turbado,
instante en que habito sólo lentamente,
dichoso, melancólico, desierto, penetrante.
No estoy en mí, no soy mío, viento son mis ojos,
mar, ahora que te miran, ahora que tu rostro
me alza largamente despierto en el vacío,
blanco corcel yo mismo, inmaterial, desnudo.
Pasos furtivos, mar; hacia ti me conducen
cuando la noche es en ti una hoja de palma
y mi cuerpo no es sino blandísima nieve,
llorosa sombra, triunfante peso de oro.
En la altitud de la noche abro una ventana.
En mis ojos el sueño es un juguete de hielo,
una flecha preciosa que no alcanzara a herirme.
(Oído visible de la estrella, registradme).
Mar, desde tu pecho abre sus venas la zozobra,
canta el fuego fugaz de solitarias perlas,
mudo rayo terrestre me quema hasta el cabello.
El aire de la noche, tus dedos ciegos, celestes;
tu profunda seda, mar, ardiendo quietamente.
(La hermosa luz ya viene en unos pies danzando).
Playa pura, final, mar, donde no somos
sino un fantasma entre las flores de la aurora.

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